Internet de los usuarios

Internet de los usuarios

En mayo del pasado año publicaba un white paper sobre la descentralización de la web.

En él, explicaba de forma sencilla cómo hemos ido pasando de un entorno profundamente descentralizado a otro cada vez más centralizado. Un mundo prácticamente gestionado por la infraestructura y los servicios de Amazon, Google y Facebook. El éxito de las plataformas centralizadas frente a las distribuidas.

La necesidad de implementar protocolos de comunicación seguros es una buena medida a corto plazo (mayor privacidad en la red), pero también supone un obstáculo a la hora de intentar sacar adelante un proyecto digital que no dependa de terceros. Y peor aún, nos dirige a un escenario donde cada vez un número menor de organizaciones controlan el funcionamiento práctico de Internet.

En última instancia, este entorno es más susceptible de sufrir problemas (fallos de seguridad y/o privacidad), como recientemente quedaba demostrado con la caída durante horas de varias de algunas de las webs y servicios más utilizados del mundo (WhatsApp, Twitter, Spotify, Netflix, PayPal,…). Todo porque conforme más centralización tenemos, más débil se vuelve la red a ataques coordinados.

En ese mismo informe analizaba algunos de los proyectos que en ese momento más estaban aportando a la comunidad para dibujar otro escenario que recuperara las ventajas de la descentralización: Maelstrom, ArkOS, SAFE, ZeroNet o MegaNet son algunos acercamientos distintos a ese mismo principio, y suponen una potencial salida a los problemas de competitividad que a día de hoy afectan al mercado digital (es muy difícil ya competir contra un gigante como los arriba mencionados).

Estos días conocía la existencia de Blockstack (EN), un proyecto que recientemente recibía el apoyo económico de USV y un grupo de inversores independientes (3,8 millones de inversión) para intentar establecer un campo de juego más abierto.

 

 

 

Ver en Youtube (EN)

¿Qué propone Blockstack?
La idea no es para nada nueva. Sería una red outproxy (una red con sus propias reglas capaz de comunicarse también con el Internet actual, como TOR o I2P), que basa su fortaleza en dos elementos principales:

La cadena de bloques: la arquitectura de Blockstack y la manera que tiene de asociar identidades digitales (usuarios, URLs, carteras…) con destinos (IPs, servidores…) se basa en blockchain, la tecnología detrás del Bitcoin y de cada vez más servicios. Y ya sabe que no es ninguna novedad que se haya recurrido al blockchain como garante de cualquier comunicación dentro de esta red, habida cuenta de que descontando esa propuesta de algunos bancos por dotar a dicha tecnología de una puerta trasera, la cadena de bloques certifica con exactitud que un paquete ha salido de X lugar y llega a X otro sin que intermediarios hayan podido interceptarlo y/o modificarlo. En resumidas cuentas, una arquitectura privada y segura que ya sabemos que funciona.
Que sea el usuario quien gestiona su identidad: Y de nuevo, algo que no nos debería resultar novedoso. En Blockstack cada cliente tiene un nombre de usuario y unas claves de cifrado que le permiten gestionar su perfil. Perfil que sería el que utilizarán todas las apps (webs, servicios…) de Blockstack para identificarnos. De esta manera, en cualquier momento el usuario puede eliminar su perfil, crear otro o modificarlo para que todas las apps que ya lo tenían se actualicen a la nueva realidad.
¿Le suena de algo?
En agosto del 2013 un servidor publicaba dos artículos explicando en profundidad cómo podríamos crear una red equilibrada en la que las compañías pudieran traficar con nuestros datos (como hacen ahora) pero aceptando que el control final de los mismos estaría en manos del usuario.

Para ello definí el desarrollo de un navegador (como el cliente de Blockstack) que fuera quien permitiera al usuario crear diferentes perfiles, y una serie de servicios (como las apps de Blockstack) que tuvieran que pedirle acceso a dicho perfil o perfiles para tomar la información. La información, por tanto, estaría en manos del cliente, pudiendo éste modificarla y propagarla al resto de servicios.

Tampoco había descubierto la pólvora. Servicios como Diaspora y ese intento de estandarización de identidades llamada Persona que Mozilla abandonó el año pasado ya jugaban en esta liga aunque con iniciativas bastante más humildes. En su momento presenté el proyecto a Telefónica, que me lo rechazó por ser “demasiado utópico”.

Curiosamente la telco donde trabajé está ahora envuelta en el desarrollo de la llamada “cuarta plataforma“ que ofrecerá, entre otras cosas, una gestión personal de los datos que terceros tendrían de nosotros…

Historias para no dormir aparte, lo cierto es que me alegro que empresas como Microsoft (EN) hayan apostado por Blockstack. Que Tim Berners-Lee, al cual debemos en buena parte lo que es hoy en día Internet, lleve ya unos meses trabajando con el MIT en SOLID (EN), otra propuesta por re-descentralizar la web. Y aunque me tema lo peor (la telco no es ejemplo precisamente de haber hecho lo más adecuado para el bien común en el pasado), haya acercamientos como el de Telefonica por democratizar la gestión de identidades digitales en un escenario que cada vez se nos aleja un poquito más.

Existen ya cerca de 70.000 identificadores registrados en Blockstack (el de Tim Berners-Lee es timblee.id (EN), por cierto :)). Insuficientes, claro está, pero es un comienzo.

En su contra, que el Internet actual ya se ha masificado lo suficiente como para que iniciativas de este tipo puedan llegar a pasarse por alto en el grueso de la sociedad.

De ahí que vea oportunidad en que algunos de estos gigantes encuentren la manera de trabajar entre ellos. Y con suerte, que el HTTP acabe heredando sino todos, algunos de los elementos de esa web social que imaginaba quien escribe estas palabras hace cuatro años. Una red en la que haya cabida al negocio y también a los derechos del usuario.

Si las revoluciones tecnológicas tienen un ciclo de vida de 50 años, hemos pasado ya los primeros 20 descubriendo, y deberíamos dedicar los siguientes 30 a madurar y dirigir adecuadamente estas nuevas tecnologías hacia los derroteros que nos gustaría que cubriesen.

Es nuestro deber luchar (aportando conocimiento, proponiendo, siendo críticos, desarrollando…) porque así sea.

Si se anima (es necesario un poco de conocimientos técnicos, eso sí), por aquí explican cómo instalar Blockstack (EN/OS X, Debian/Ubuntu y Windows), crearse una ID y empezar a funcionar.

Y ánimo a todos aquellos que están detrás. Lo van a necesitar.
Fuente: https://www.pabloyglesias.com/blockstack-red-descentralizada/

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