Cuando la gente colabora puede cambiar el mundo

Cuando la gente colabora puede cambiar el mundo

eldiario.es
El padre de la cultura ‘maker’: “Cuando la gente colabora puede cambiar el mundo”
Cristina Sánchez 19/04/2016 – 15:03h
Abril de 2006, San Mateo (California). Steve Wozniak juega al polo a lomos de un Segway de código abierto. Inventos tan dispares como un robot a vapor, etiquetas RFID listas para implantar en el cuerpo humano, un autómata en forma de dragón con cola de fibra óptica o unas ruedas de bicicleta reconvertidas en molinos de viento acuden al mismo evento que el cofundador de Apple. A las exposiciones, talleres y competiciones del festival también asisten otras 20.000 personas con dos pasiones en común: dar forma con sus propias manos a la tecnología que sale de su imaginación y compartir su proceso creativo.

El primer Maker Faire tuvo tanto éxito que los ‘cacharreros’ la han consagrado como su reunión favorita. Solo en 2015 se celebraron 150 en diferentes ciudades de todo el mundo. Madrid, León, Santiago de Compostela, Bilbao o Barcelona ya tienen sus propios eventos en formato “mini”. La cultura del código abierto empapa su modelo de organización, así que cualquiera pueda montar su propia cita con el asesoramiento de la feria original.

Detrás de todos ellos hay un solo hombre, el mismo que utilizó por primera vez el término ‘maker’para referirse a los inventores digitales. Dale Dougherty fundó en 2005 la revista Make. Las 181 páginas de su primer número, que recogían las instrucciones para volar una cometa, ampliar la señal wifi de un ordenador portátil o leer las bandas magnéticas de las tarjetas de crédito con un dispositivo casero, acabaron convirtiéndose en esa serie de eventos para ‘geeks’ que esta semana cumplen su primera década.

“Ha sido sorprendente para mí la forma en que ha crecido y se ha expandido.  Es realmente emocionante y soy feliz de ser parte de ello”, señala Dougherty a HojaDeRouter.com. No le gusta autocalificarse como el padre del movimiento ‘maker’. Con humildad, afirma que hay muchos otros progenitores de la comunidad del ‘do it yourself’ (hazlo tú mismo) y que él solo contribuyó en los orígenes compartiendo proyectos y ayudando a la gente a llevarlos a cabo. De un modo u otro, son pocos los que pueden presumir, como él, de haber sido visionarios cuando la Red aún daba sus primeros pasos.

El creador de la primera ‘web’ comercial

“Más que meros consumidores de tecnología, somos ‘makers’ adaptando la tecnología a nuestras necesidades e integrándola en nuestras vidas. Algunos de nosotros han nacido ‘makers’ y otros, como yo, nos hemos convertido en ‘makers’ casi sin darnos cuenta”. Con estas palabras iniciaba Dale Dougherty la primera columna editorial que publicó en la revista Make.

El pionero comenzó a escribir manuales en 1977, cuando los ordenadores llegaban poco a poco a los hogares. Por entonces  no sabía nada de informática, así que aprendía y transmitía los conocimientos al mismo tiempo.

El proyecto se hizo mayor, así que decidió cofundar junto a Tim O’Reilly, su compañero de aventuras, la editorial O’ Reilly Media, especializada en tecnología. Por eso, cuando el CERN presentó en abril de 1993 el documento en el que hacía la World Wide Web de dominio público, ellos ya estaban listos para innovar en el inexplorado campo de la Red.

“Nuestro propósito era ser una especie de guía de internet y ayudar a la gente a descubrir lo que había en un momento en el que la mayoría no entendían lo que era un buscador o lo que la web podría significar”, explica Dougherty. O’Reilly Media lanzó la web Global Network Navigator en mayo. Aquella página, que publicaba noticias sobre internet y listados de páginas cuando aún no existía Google, incluía el anuncio de una firma de abogados. Se convirtió así en la primera web comercial, si bien el primer ‘banner’ que solicitaba al usuario hacer clic apareció un año más tarde en HotWired, una publicación online con la que la revista Wired  estaba experimentando.

En aquel momento,  Dougherty no reparó en que aquella iniciativa entraría a formar parte de la historia de internet. “Fue una oportunidad de desarrollar algo que nadie más estaba desarrollando en la creencia de que podría ser importante, aunque no sabíamos cómo evolucionaría”, reconoce el pionero.

Antes de dirigirse a los ‘makers’ con su revista, Dougherty ya había demostrado tener ” una habilidad especial para concebir términos”, según destacaba el propio Tim O’Reilly. Tras el estallido de la burbuja de las ‘puntocom’ a comienzos del tercer milenio, los cofundadores de O’Reilly Media comenzaron a reflexionar sobre los cambios en la Red.

A Dougherty se le ocurrió en 2003 que Web 2.0 podía ser un buen concepto para aludir al protagonismo del usuario en internet cuando todavía reinaban los blogs y no pasábamos las horas en Facebook o Twitter. El término se popularizó con la Conferencia 2.0. que organizaron en 2004 en San Francisco, a la que acudió el mismísimo Jeff Bezos.

Por aquel entonces, Dougherty ya pensaba en otro término. Se percató de que ‘hacking’ dejaba de utilizarse exclusivamente para el ‘software’ también servía para aludir a la beneficiosa manipulación de los dispositivos electrónicos. Decidió adaptar la reflexión utilizando el vocablo ‘making’. “Creo que de alguna forma el ‘making’ conecta nuestro ser físico y nuestro espacio físico a internet”, afirma. “Detrás del movimiento ‘maker’ está esa idea de  continuar aprendiendo,  retándose a uno mismo, descubriendo cosas y siendo curioso”.

El ‘maker’ nace o se hace: el contagioso espíritu DIY

El visionario de la web supo capturar desde el principio la esencia del movimiento al que puso nombre. ” Si no puedes abrirlo, no te pertenece”, señala el manifiesto de la revista Make. Su carta de derechos recoge que “ganar dinero vendiendo caras herramientas especiales está mal y no hacer que esas herramientas estén disponibles es incluso peor” o que “la electricidad de los USB es buena, pero l a electricidad de los adaptadores de energía propietarios es mala”.

La revolución del ‘hardware’ libre llegó precisamente el mismo año que Dougherty fundaba su revista. Dos italianos, dos estadounidenses y un español desarrollaron en 2005 unas placas azules que se han convertido en la herramienta imprescindible de cualquier amante de los circuitos. El ‘hardware’, el ‘software’ y la documentación de Arduino nacieron libres en el Instituto de Diseño Interactivo de Ivrea, en el Piamonte italiano.

Esa puede ser una de las razones por las que en Roma se celebra el mayor Maker Faire de Europa. Massimo Banzi, cofundador de Arduino, es también el coorganizador de este evento que el año pasado conquistó al público gracias a la exhibición de la también italiana Big Delta, la autoproclamada como impresora 3D más grande del mundo con sus 12 metros de alto.

Incluso la Casa Blanca acogió en 2014 su primer Maker Faire, donde el mismísimo Obama conoció a una entrañable jirafa robótica creada por un ingenioso ‘maker’. Allí acudió Dale Dougherty, que está recorriendo los eventos para inventores de todo el planeta. Aunque “cada ciudad y cada zona tienen su condimento diferente”, para él todos los festivales destacan por el mismo motivo. En todos ellos, “la gente es realmente generosa, abierta y colaborativa”.

Conversamos con él cuando acaba de regresar de El Cairo, la primera capital de un país árabe que ha celebrado un Maker Faire. “Hay multitudes de entusiastas en Egipto. Es la segunda vez que lo hacemos y hemos duplicado la asistencia”, explica el fundador de Maker Media. 10.000 asistentes se han hecho ‘selfies’ con este sexagenario como si fuera una estrella del ‘rock’, además de disfrutar con un grupo de drones acuáticos o admirar una armadura de Hulkbuster gigante que hizo las delicias de los amantes de ‘Iron Man’.

El fundador y CEO de Maker Media(dejó este cargo durante año y medio, aunque nos dice que ha regresado para asegurarse de que están centrados en su misión de “crear valor para la comunidad”), dirige ahora una empresa en la que trabajan unas  cincuenta personas. Además de publicar la revista y organizar los eventos, Maker Media vende todos los productos que un ‘maker’ pueda necesitar, como ‘kits’ de componentes electrónicos o sensores, y organiza Maker Camp, una comunidad física y online de niños que nacen con un cable debajo del brazo. “Es un tipo de participación que muchos colegios no están ofreciendo”, reivindica Dougherty.

Aficionado a pasatiempos analógicos, como la cocina o la jardinería, Dale Dougherty aprende constantemente de la comunidad. “Todos estamos en viaje común aquí para desarrollarnos a nosotros mismos, desarrollar nuestras capacidades y expresar y compartir lo que hacemos y conocer a otras personas”, señala Dougherty. “Cuando la gente colabora puede cambiar el mundo”. Él lo ha demostrado uniendo a más de un millón de personas en un evento abanderado por un simpático robot rojo. Por supuesto, quien lo desee puede fabricar al autómata con una impresora 3D.

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Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Fabrice Florin ( y 5),  othree y Matt Joyce
Fuente: http://www.eldiario.es/hojaderouter/tecnologia/hardware/Maker_Faire-Dale_Dougherty-hardware_libre-makers_0_507099452.html

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